martes, 3 de noviembre de 2009

UNA PROPUESTA POR LA PAZ

Por: Julio Iriarte Pretelt


Nuestro país lleva más de cuarenta años en guerra, demostrando la experiencia, la inutilidad de los métodos que se han aplicado con base en la respuesta armada. Sin que se deje de reconocer la legítima defensa que a través de esta ejerce el estado a favor de todos los habitantes de territorio como se lo ordena la Constitución Política. Sin embargo tal ejercicio le ha resultado muy costoso al país tanto económicamente, pues hay que destinar cada vez un mayor presupuesto, como en vidas humanas, que es a la postre el factor mas importante a resaltar; ello sin contar con la gran tragedia del desplazamiento, que a su turno se convierte en toda una cadena de calamidades sociales y de desequilibrio.

Si esto es lo que ha demostrado la experiencia y el fenómeno aun subsiste, ha llegado el momento de poner en práctica otra estrategia con la que podamos lograr el gran propósito de la PAZ que todos anhelamos. En tal virtud me pregunto Si: ¿No sería mejor que el congreso de Colombia expidiera una ley de “PERDON Y OLVIDO”, con la que todos estemos dispuestos a comprometernos sinceramente, desarraigando de nuestro corazón todo odio y rencor? Sé anticipadamente que a muchos les será difícil aceptarlo, al haber sufrido el horror de las infames acciones criminales y fuente de todo dolor y angustia, más será indispensable hacer todo esfuerzo si como sabemos este tipo de sentimientos no hacen si no proporcionar más dolor y desesperanza. Está demostrado que el que odia y conserva rencor se torna en victima permanente de tan bajas pasiones.

Les será igualmente difícil aceptar la propuesta a quienes no creen en DIOS, decidiendo tomar sus propios caminos. Pero parto de la convicción que la mayoría del pueblo colombiano si cree en DIOS y en nuestro SEÑOR JESUCRISTO como el mismo DIOS encarnado, de cuya doctrina se origina el perdón que es uno de sus más grandes fundamentos. Perdón que logrará lo que las armas hasta ahora no han obtenido y si por el contrario un mayor índice de violencia; al fin y al cabo se cumplirá inexorablemente las frases proverbiales de Salomón e inspiradas por DIOS mismo cuando dice que “El que siembra violencia recoge amargura”.

En los actuales momentos y con el plan de Seguridad Democrática que ha puesto en funcionamiento el Señor Presidente Álvaro Uribe y el cual hace parte de su compromiso de campaña, son notables algunos avances en materia de reducción de los ataques de los grupos alzados en armas a los pueblos y muchos lugares del país, como aconteciera en Gobiernos anteriores, empero la brutalidad, el salvajismo y las acciones criminales de estos grupos no han cesado; tampoco el secuestro, la extorsión y demás acciones criminales como el narcotráfico, en donde encuentran un medio de financiación y de toda corrupción. Todo lo cual nos obliga a pensar reflexionar en la apremiante necesidad de escoger otros caminos en donde podamos por fin llegar hasta el propósito de la concordia, la reconciliación y la armonía social, a menos en lo que tiene que ver con el campo de la violencia.

Se ahorraría el país los cientos de miles de millones destinados para combatir a los grupos violentos y poder canalizarlos en inversión social, que es fuente de desarrollo y paz duradera. Piénsese solo el beneficio que sobrevendría en materia de educación, vivienda y empleo, sin contar con otro esperado en salud y tecnología, por que definitivamente la inversión social sí produce excelentes frutos, como fundamento del desarrollo sostenido en cualquier país. Razón por la cual estoy invitando a todos mis conciudadanos a estudiar esta iniciativa que no es de mi exclusiva concepción, ya que en el pasado no han sido pocos los que la han pregonado sin obtener lamentablemente la gran respuesta que se esperaba. Mas ya es hora de adoptarla y ponerla en práctica frente al permanente y angustioso llamado de la paz que todo el mundo anhela; lo que no debe ser una simple frase sino el honesto sentir en nuestros corazones por que tenga cabida en la realidad.

Se dice con razón que todos hablamos de paz, pero nadie se compromete y peor aún cuando nosotros mismos no hacemos el esfuerzo por cambiarlas actitudes de intolerancia, soberbia, arrogancia, pedantería y toda vana actitud con las cuales nos convertimos en hacedores de la violencia.

La PAZ es un Derecho fundamental de naturaleza común y nadie la facultad de arrogársela ni hacer de ella una bandera política en pro de sus propósitos mezquinos. Y como Derecho engendra también el deber de conservarla, buscando por todos los medios el fin ultimo de establecerla.

Sin necesidad de extenderme mas en el tema quiero invitarlos a la constitución de grupos o asociaciones en todos los lugares del país, para que se inicie y se desarrolle una gran campaña de recolección de firmas que deben ser llevadas luego a la Registraduría Nacional Del Estado Civil en vías a conseguir una ley del Congreso de “PERDÓN Y OLVIDO”, con todas sus reglamentaciones y exigencias, como lo puntualiza la Constitución Nacional cuando se trata de una ley de referendo.

Lo menos importante es la notoriedad, el protagonismo y el exhibicionismo que muchos persiguen en un afán permanente figuración cuando se trata de temas como este y por lo tanto lo único importante es el aporte individual que habremos de hacer todos los que decidamos levantar la bandera de la PAZ.

Considero que una ley de esta naturaleza debe contar con unos parámetros que la hagan viable en todo sentido, de donde se infiere que para todo aquel que acepte reintegrarse a la sociedad, mediante entrega de las armas y demás elementos generadores de daño y destrucción, jamás deberán volver a las actividades ilícitas, pues de reincidir podrán hacerse merecedores de una sanción equivalente a la cadena perpetua.

No me atrevería a pensar que los grupos al margen de la ley puedan atreverse a rechazar esta iniciativa, si en verdad desean la PAZ como lo divulgan constantemente. De no ser así seguirán quedando muy mal ante la faz del mundo y no otra consecuencia que la muerte será su doloroso destino.

No sobra repetir que si en verdad somos Cristianos, es este el camino que debemos tomar.

Sabré agradecer tu amable opinión.